Para
este ejemplo vamos a utilizar una piedra obtenida en un terreno
de formación kárstica, más concretamente en
una zona de lapiaces.
La
piedra que se ve en la imagen de la derecha, solo se va a utilizar
como ejemplo de limpieza, debido a que su base ha sido cortada,
por esta razón, no tiene valor como suiseki, sin embargo,
es adecuada para la composición de paisajes con bonsái
o como elemento decorativo.
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Como
se puede apreciar en la imagen, la piedra está cubierta por una capa
de residuos calizos. En este caso, el taladro con el cepillo de acero es
insuficiente: resbalará sobre la superficie de la piedra sin eliminar
la costra. Por esta razón, primero utilizaremos un conocido desincrustante
para ablandarla, que es el ácido clorhídrico, comúnmente
conocido como agua fuerte. Utilizar el ácido clorhídrico requiere
un mínimo de precauciones que debemos tener en cuenta.
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Es
esencial disponer de guantes de goma y utilizar recipientes de plástico,
nunca metálicos, y nunca realizar estas operaciones encima de
superficies de mármol, que se podrían dañar irremisiblemente.
Otra precaución importante es el orden en el que debemos preparar
la mezcla. Ésta se ha de realizar de la siguiente manera: Los
fabricante suelen recomendar una dilución del 10% en agua, pero,
para no dañar la piedra, nosotros vamos a utilizar un porcentaje
más bajo, el 3%. |
Este
porcentaje suele ser suficiente para ablandar la costra. Decidida la proporción,
operaremos de la siguiente manera: En primer lugar, depositaremos la piedra
dentro del recipiente, después la cubriremos con agua controlando
su volumen, y, por último, añadiremos la proporción
de ácido que corresponda, con sumo cuidado. Siguiendo este orden,
evitaremos peligrosas salpicaduras. Durante el tiempo de remojo, que puede
ser de 5 a 10 minutos, protegiéndonos con los guantes, voltearemos
la piedra por todos sus lados en varias ocasiones. Transcurrido el tiempo
necesario, sacaremos la piedra y la enjuagaremos con abundante agua corriente,
para eliminar los restos de ácido.
Este método
da buenos resultados siempre que se utilice con precaución. Si
nos excedemos en la proporción de ácido, o en el tiempo
de remojo, la piedra se puede dañar y perder su valor como Suiseki.
Para evitar disgustos, cuando encontramos una piedra de calidad es aconsejable
recoger algunas muestras de las mismas características para poder
ensayar con ellas el método más adecuado de limpieza.
En
la imagen de la derecha, podemos ver la piedra después de
eliminar la costra que la cubría, con la ayuda del remojo
en ácido, y un pequeño cepillo manual, con púas
de alambre de acero.
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El
resultado final, que se puede apreciar en la imagen de la izquierda,
se ha conseguido con la aplicación de aceite de linaza diluido
al 50% con disolvente para esmalte. Inmediatamente después
de dicha aplicación, se ha eliminado el aceite sobrante con
un trapo y, posteriormente, "acariciando" la piedra y
frotándola con un trapo de algodón, se ha abrillantado
en distintas ocasiones a lo largo de varios meses.
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